Bandeja de desayuno de hotel con mantelitos de TNT, servilletas airlaid y tazas con platillo personalizados con el logo del hotel

Cómo se montaba una mesa en un hotel de cinco estrellas en los años 80 (y qué aprende de ello un restaurante hoy)

En resumen: en los restaurantes de los hoteles de cinco estrellas de los años 70 y 80 la mesa estaba vacía hasta que llegaba el cliente; después se extendía el cubremantel arrastrándolo, nunca lanzándolo, las servilletas de tela se colocaban con pinzas y las copas esperaban boca abajo. Aquel nivel de detalle tiene mucho que enseñar a un restaurante de hoy, que puede transmitir la misma sensación de cuidado con los medios actuales.

Otra época, otras normas

A finales de los años 70 y bien entrados los 80, la hostelería exigía a sus trabajadores un aspecto de pulcritud muy concreto: nada de barbas, tatuajes ni piercings, y a ningún cliente se le saludaba con un «hola, chicos». Era otro mundo, con otras normas, y ha cambiado muchísimo.

Recuerdo un día, a finales de los 70, con 18 años. Llegué tarde al trabajo y, con las prisas, no me cambié los calcetines. Tenían que ser siempre negros, y aquel día los llevaba marrón oscuro: casi negros, pero no negros. El maître se dio cuenta, me levantó un poco el bajo del pantalón y me mandó a cambiarme. Hoy quizá se vería como algo exagerado. Para mí fue una lección de profesionalidad que no he olvidado.

Hoy quiero contar cómo se trabajaba entonces en un restaurante de alto nivel y qué podemos aprender de aquello.

La mesa vacía que esperaba al cliente

En el hotel de cinco estrellas donde trabajaba, las mesas del restaurante no estaban montadas. Estaban vacías, limpias, en muchos casos solo con el mantel. Cuando llegaba un cliente, el maître le asignaba un camarero, que lo acompañaba hasta su mesa. Todavía era costumbre, no obligatoria pero sí de educación, separar la silla a las señoras y acercársela al sentarse. Un detalle quizá extremo visto hoy, pero que entonces era simplemente cortesía.

El cubremantel: arrastrado, nunca lanzado

Con los clientes ya sentados, el camarero se acercaba por la zona de la mesa donde no había nadie y extendía el cubremantel. Venía plegado desde la lavandería de forma que dos de sus puntas quedaran más o menos a la altura de la caída, y desde las otras dos se extendía arrastrándolo hasta el otro lado de la mesa.

¿Por qué no lanzarlo al aire para que cayera en su sitio? Porque eso se podía interpretar como que estabas «toreando» al cliente. Eran costumbres de educación de su época, y sacarlas hoy de ese contexto no tendría sentido. Pero dicen mucho del nivel de detalle con que se trabajaba.

Servilletas con pinzas y copas boca abajo

Las servilletas de tela no se dejaban sin más sobre la mesa: se traían en un plato o una bandeja y se colocaban con pinzas, es decir, con tenedor y cuchara. Y las copas de vino nunca se ponían boca arriba: esperaban boca abajo, para que nada cayera en el cáliz hasta el momento de servir. Así era, prácticamente, el nivel de detalle de un establecimiento de alto nivel. Y en los establecimientos de cierto nivel, en buena parte, sigue siéndolo.

La lección del hijo de mi antiguo maître

Hace unos años, ya entrados en el siglo XXI, hablé de todo esto con un maître joven, hijo de aquel maître de los calcetines. Trabajaba en un hotel de cuatro estrellas con un nivel alto de restauración. Me contó que su padre había intentado enseñarle aquel sistema de trabajo, pero que hoy era muy difícil encontrar personal preparado y, sobre todo, constante. Así que había decidido hacer las cosas de otra manera, sin renunciar a la filosofía de su padre y de aquella forma de trabajar.

Su solución, la más cómoda y a la vez la más limpia, fue usar manteles de TNT lo bastante buenos y lo bastante rentables comparados con el textil tradicional, y servilletas airlaid, con una textura muy parecida a la de tela. Había hecho sus cuentas, me dijo, y sobre todo había comprobado los resultados. Yo lo sabía: se notaba.

Su método en los desayunos era el mismo que le habían enseñado, pero con una bandeja de melamina, de aquellas que se usaban antes en los desayunos de hotel. La mesa, vacía. Llegaban dos clientes y se les invitaba a sentarse. Entonces se acercaba el camarero que iba a atenderlos con una bandeja: dos mantelitos, dos servilletas, dos tazas y dos platillos, todo con el logotipo del hotel. Solo eso: discreto, pero representativo. A partir de ahí les ofrecía café o zumo, y eran los propios clientes quienes se levantaban al bufé a elegir qué comer. El camarero quedaba ya en modo apoyo.

Era el mismo respeto por el cliente de los años 80, con los medios de hoy. Porque las herramientas pueden cambiar, y la mantelería también se puede mejorar, pero la limpieza, el orden, la pulcritud y las formas no deberían cambiar nunca.

Qué puede aprender de todo esto un restaurante de hoy

Hoy casi ningún restaurante puede permitirse un camarero por mesa, una lavandería propia ni el tiempo que exigía aquel servicio. Pero el cliente sigue notando lo mismo que entonces: si la mesa está cuidada, si todo está limpio y si el local tiene una imagen propia. Y ahora, además, lo fotografía y lo comparte. Estas son las soluciones que proponemos para conseguir esa sensación con los medios de hoy:

El cubremantel de hoy: el mantel de TNT o de papel con tu logo

El cubremantel servía para tener la mesa impecable con cada cliente sin cambiar el mantel entero. Hoy ese papel lo hacen los manteles TNT personalizados: tienen aspecto de tela, se cambian en segundos y no pasan por la lavandería. Los fabricamos en mantelitos individuales de 30×40 y 35×50 cm y en mantel de 100×100 cm, en 11 colores, con tu logo a una tinta: 10.000 mantelitos de 30×40 cm desde 677,60 €.

Para terrazas, bares y menús del día están los manteles de papel personalizados, en blanco o kraft, con QR opcional para tu carta: 15.000 mantelitos desde 494 €.

Y si tu restaurante mantiene la tela, tienes la mantelería textil personalizada, confeccionada a medida en Satén, Panamá o Resinado antimanchas, desde 7,27 € por mantel.

La servilleta que se nota

Si quieres tela, la servilleta textil blanca personalizada lleva tu logo a un color, desde 240 unidades. Si prefieres no lavar, la servilleta airlaid tiene tacto casi de tela y, en plegado canguro, lleva los cubiertos dentro: 5.760 servilletas desde 550 €.

Tazas y platillos con tu logo

Como en los desayunos de aquel hotel, una taza con el logo del establecimiento es un detalle pequeño que el cliente ve cada mañana. Tienes nuestras tazas y platillos personalizados, con decoración vitrificada que aguanta el lavavajillas industrial.

La copa, protagonista de la mesa

Ya no hace falta ponerla boca abajo, pero la copa sigue siendo lo que el cliente tiene en la mano y lo que sale en las fotos. Una copa de vino personalizada con tu logo cuida ese detalle.

Cómo pedirlo sin esperar presupuesto

  1. Entra en la ficha del producto y elige medida, color y cantidad: ves el precio final al momento.
  2. Pulsa «Ver mi logo» y comprueba en segundos cómo queda tu logo sobre el mantel o la servilleta.
  3. Pide tu presupuesto desde la web. Te enviamos la factura proforma y el fotomontaje definitivo.
  4. Con tu visto bueno y el pago, empieza la producción: 20 días hábiles para los manteles de papel y TNT.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un cubremantel?

Es un mantel más pequeño que se coloca encima del mantel principal para proteger la mesa y cambiarlo con cada cliente sin tener que quitar el mantel entero. Hoy muchos restaurantes lo sustituyen por manteles de TNT o mantelitos individuales personalizados.

¿Qué diferencia hay entre un mantel de TNT y uno de papel?

El TNT (tejido no tejido) tiene aspecto y tacto de tela y es más resistente; el papel es más económico y admite códigos QR. Los dos se personalizan con tu logo a una tinta.

¿Cuánto cuestan los manteles personalizados para restaurante?

Desde 494 € los 15.000 mantelitos de papel y desde 677,60 € los 10.000 de TNT, con personalización y envío a Península incluidos, IVA no incluido.

¿Cuánto tardan?

20 días hábiles de producción desde el pago para los manteles de papel y TNT. Se envían siempre en palet.

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